Obelisco de la Plaza de San Pedro | Roma y Ciudad del Vaticano Visitas guiadas privadas

Obelisco de la Plaza de San Pedro | Roma y Ciudad del Vaticano Visitas guiadas privadas personalizadas
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Obelisco de la Plaza de San Pedro | El obelisco de la Plaza de San Pedro fue erigido inicialmente en Heliópolis por el rey egipcio Nuncores; el emperador Calígula (37-41 d.C.) lo hizo traer a Roma y lo levantó en su circo, que más tarde recibió el nombre de Nerón; aquí fue dedicado a Augusto y a Tiberio, como consta en su pedestal. Guía de Roma.
Entre todos los obeliscos que decoraban la antigua señora del mundo, éste es el único que nunca ha sido derribado. Ha llegado intacto hasta nosotros. Ningún otro monumento del mundo es el testigo superviviente de tantos acontecimientos históricos y religiosos trágicos y esenciales. Durante 15 siglos se mantuvo en la espina dorsal del Circo de Calígula (cerca de la sacristía), donde fue el mudo espectador de las orgías y juegos de los paganos, de las carreras de carros de Calígula y Nerón, del heroico martirio de los primeros cristianos (vestidos con pieles y devorados por perros salvajes), de las antorchas vivientes narradas por Tácito*, de la crucifixión y sepultura de San Pedro. Más tarde, fue testigo de todas las vicisitudes de la construcción del monumento más importante que la humanidad ha erigido a la religión.

* Damos aquí el conocido pasaje de Tacitus:

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Nerón castigó, con exquisitas torturas, a una raza de hombres detestados por sus malas prácticas con el vulgar apelativo de cristianos. El nombre se derivaba de Christque en el reinado de Tiberius, sufrió bajo Pontius Pilatusel procurador de Judea.
Por este acontecimiento, la secta, de la que era fundador, recibió un golpe que por un tiempo no tardó en extenderse con vigor reclutado, no sólo en Judea, el suelo que le dio origen, sino incluso en la ciudad de Roma, el sumidero común en el que todo lo infame y abominable fluye como un torrente desde todos los rincones del mundo. Nerón procedió con su habitual artificio, encontró una secta de desgraciados despilfarradores y abandonados, a los que indujo a confesarse culpables y, sobre la base de las pruebas de tales hombres, se condenó a un número de cristianos, no, en efecto, sobre la base de pruebas claras de haber incendiado la ciudad, sino más bien a causa de su hosco odio a toda la raza romana. Fueron condenados a muerte con exquisita crueldad, y a sus sufrimientos, Nerón añadió la burla y el escarnio, algunos fueron cubiertos con pieles de bestias salvajes, y dejados para ser devorados por los perros; otros fueron clavados en la cruz; muchos fueron quemados vivos; y muchos cubiertos con la materia inflamable, fueron encendidos cuando el día declinaba, para servir de antorchas durante la noche. Para la comodidad de ver este trágico espectáculo, el Emperador prestó sus propios jardines. Añadió los deportes del circo, y asistió en persona, a veces conduciendo un coche de caballos, y ocasionalmente mezclándose con la chusma en su traje de cochero. Al final, la crueldad de estos procedimientos llenó todos los pechos de compasión. La humanidad cedió en favor de los cristianos. Los modales de aquel pueblo eran, sin duda, de una tendencia perniciosa, y sus crímenes reclamaban la mano de la Justicia; bueno pero para colmar la rabia y la crueldad de un solo hombre.
El Papa Sixto V, en 1586, después de haberla exorcizado como ídolo infernal, la hizo trasladar aquí por el arquitecto Fontana, erigida en el centro de la plaza y dedicada a la Cruz, de la que se conserva una reliquia en la parte superior. Aquí siguió siendo espectador del torrente de peregrinos que desde hace 2000 años vienen de todas partes del mundo para venerar la tumba del humilde pescador de Galilea.
La línea meridiana que vemos en el centro del cuadrado fue trazada por el astrónomo Gigli en 1817.
Alrededor se trazan las diferentes direcciones de los vientos y los doce signos del Zodiaco. El obelisco sirve de gnomon al meridiano, y el extremo de su sombra indica la entrada del Sol en los signos mencionados.

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